La muerte

Todavía es tabú hablar de la muerte en nuestra sociedad. Cada vez que sale el tema, hay mucha gente que huye. ¿Será miedo a que sólo con mencionar la muerte la podamos atraer?

Ayer tuvimos una sesión muy bonita en la segunda jornada del ciclo “Hil arte…bizi” (“Vivir… hasta morir”) en la ikastola Salbatore Mitxelena. Gracias a Iñaki Peña, tuvimos la oportunidad de ver el largometraje canadiense “Monsieur Lazhar” y la verdad es que se trata de una película redonda, emotiva, fina, con muchos matices y temas (no sólo la muerte y el proceso de duelo). Muy recomendable.

Después de la proyección, tuvimos una tertulia muy animada gracias a las personas que se acudieron. Y es que, como aportaba una de las asistentes, “Se agradecen estos espacios para hablar con tranquilidad y naturalidad de la muerte”.

Me surge una reflexión en estas ocasiones:

Ante alguien que no ha vivido la muerte de cerca, puedo entender hasta cierto punto, la posición de esa persona a no querer hablar de la muerte.

Pero mi atención se centra en las personas que han vivido la muerte de un ser querido: ¿Cómo es posible que tengan miedo o fobia a hablar de la muerte?

Cuando muere alguien querido, ¿no es lo más normal querer hablar de esa persona, hacerla presente? ¿No es una necesidad general?

Algunas personas dicen que no se atreven a preguntar, “le voy a recordar lo ocurrido y le voy a hacer daño”

Por un lado, como decía ayer Iñaki, “Si te acercas con el corazón, no vas a hacer ningún daño”.

Y por otro, ¿no se dan cuenta que esa persona que ha fallecido la llevas todos los días, a cada momento, en tu memoria y en tu corazón? Si nadie te la menciona, consigues justo el efecto contrario; como si esa persona nunca hubiera existido o que nadie se acuerda de ella. ¿Y hay algo peor que tras la muerte física, se instale el olvido en el entorno?

A mí me vienen dos respuestas ante estas actuaciones:

1.- Sus propios procesos de duelo no estás bien elaborados. Trabajar el duelo es muy importante, aunque es una experiencia muy dura, es también transformadora y empoderante.

2.- Los sentimientos y emociones se arrinconan una y otra vez. En nuestra cultura, no se les ha dado su sitio a las emociones y siempre nos hemos tenido que mostrar “fuertes” ante los demás.

Espero que cada vez más personas, poco a poco, vayan cambiando la dinámica, hasta llegar a hablar con naturalidad de la muerte.

La muerte es parte de la vida. ¿Dónde está la clave? En interiorizarlo verdaderamente cada un@de nosotr@s y hacerlo consciente en nuestro día a día. Aunque parece contradictorio, cuanto más presente tengamos la muerte, más presente tendremos la vida y eso nos permitirá sacarle más jugo a ésta.

 

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